Era la mañana de Diciembre 18 del 2009, cuando el presidente Barak Obama había acabado de dar su tan esperado discurso de cambio climático en la capital Danesa. Era un día histórico para la humanidad que había sido esperado por científicos, académicos, ambientalistas y medios de comunicación, entre otros. Al salir a la calle, decidí preguntar de manera aleatoria a 10 personas acerca de su opinión y conocimiento sobre lo que estaba aconteciendo en Copenhague y me encontré con una realidad un poco diferente a la que esperaba que me impulso a escribir esta reflexión.
Actualmente vivo en Boston que es una ciudad conocida como uno de los centros de tecnología e invención más importantes del mundo. Por ende, se esperaría que la mayoría de sus habitantes tuvieran un conocimiento general sobre el calentamiento global y un entendimiento sobre la importancia de un día como este, para nuestro futuro. Desafortunadamente, de las 10 personas que entreviste, tan solo 2 estaban informadas del tema. Si me remonto a la teoría de estudio de mercados, se que 10 personas no son una muestra significativa, pero debería serlo para una ciudad como Boston.
Por ejemplo, una de las personas que estaba enterada del tema, era una joven de unos 35 años que al final de nuestra conversación me dijo que le impresionaba saber el poco interés que la gente tenia en el medio ambiente. Su nombre era Pia y era de origen Polaco. En su casa, ella reciclaba, racionaba la utilización de electricidad y manejaba un automóvil hibrido para ir al trabajo. La otra persona que respondió afirmativamente era un trabajador de Starbucks a quien le habían hablado sobre el compromiso de esta compañía con el cambio climático durante su periodo de capacitación.
Las personas que reconocieron no saber de lo que estaba sucediendo en Copenhague eran en su mayoría adultos. Uno de ellos era George quien trabajaba en construcción y quien con un acento algo irritado me dijo que el gobierno debería enfocarse en producir empleos en vez de “desperdiciar” tiempo y dinero en el medio ambiente. Al caer la noche, conocí a Victoria quien era de origen Haitiano y trabajaba como recepcionista para una firma de abogados. Ella aseguro no tener tiempo para enterarse de lo que sucedía en el mundo por su agitado ritmo de trabajo.
Aunque los resultados tanto de mis entrevistas como los de Copenhague no fueron los más satisfactorios, me queda una gran preocupación acerca de la poca información que tiene el público sobre el tema. La única manera de combatir este flagelo es con la acción de cada uno de nosotros. Experiencias como la ratificación de Australia en el tratado de Kioto nos demuestran que es supremamente necesaria la participación ciudadana para movilizar la toma de decisiones de nuestros gobernantes además de contar con una sociedad informada, consciente y responsable con el medio ambiente.

